Introducción.
La humanidad se encuentra en el contexto de una crisis que afecta a todas las esferas de la condición humana y los diversos sistemas vivos; esta situación reabre el debate y comprensión sobre el destino humano vinculado al gran desafío ecológico. Al religar al mismo tiempo todos los malestares, y creatividades, la emergencia climática, se constituye en un agente de la metamorfosis planetaria.
La condición humana enfrenta una crisis multidimensional que se forja en el entramado de los sistemas de la vida: Biológica y de Salud, Neuronal, Ecológica, Social, Tecnocientífica que, al conjugarlas con las distintas formas de vida, los pensamientos y estos a su vez con el ecosistema, se muestra palpable la desarmonía de la condición humana con la naturaleza, la pregunta: ¿qué estamos haciendo con y por nuestro planeta? un planeta del que nos creemos dueños y poseedores, visión que debemos abandonar, no solo porque ha conducido a violencias destructoras y daños irreparables sobre la complejidad viviente, sino también porque estas violencias y daños irreparables retro actúan de manera perjudicial y violenta sobre la esfera humana misma(Morin p 495)
El mito de la conquista de la naturaleza, antes de humanizarla lo que ha logrado es instrumentalizarla y degradar a su degradador. Sin negar la acción humana sobre la naturaleza se trata más bien de hominizar al humanismo, enriquecerlo con la realidad viviente redefiniendo finalidades de salvaguarda de la vida amenazadas por las destrucciones ecológica. En las múltiples relaciones que hemos agenciado con la tierra, la revolución biológica con la genética (clonaciones, células madres, fecundación invitro), el crecimiento incontrolado de la tecnociencia, con el desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial que tiene en la Inteligencia Artificial la punta de lanza para evolucionar al Poshumanismo sin detenerse a mirar las consecuencias en el futuro, nos conducen a plantearnos finalidades de protección de las autonomías individuales como se debate hoy sobre los neuro derechos.
Por eso nos hacemos otras preguntas asociadas y aún más radicales, ¿Que hacer por nuestra especie? ¿Qué educación servirá para dotar a la generación actual y venidera de la capacidad para afrontar los problemas ambientales que son cada vez más complejos y globales?
Tratar de enfrentar las crisis, compromete a los procesos sociales, investigativos y educativos en general, así como la misión crítica de la educación superior, teniendo en cuenta que esta ha sido reducida a formar profesionales según los requerimientos de los poderes que afianzan la destrucción del planeta.
El poder que hemos alcanzado sobre la vida nos hace responsables de la vida: defender, proteger e incluso salvar la vida. Convertirnos en la consciencia de la biosfera plantea el problema de la BIO-ETICA.